Cometí el error de confesarle…


Así que cometí el error de confesarle
el violento fuego que me consumía.
No quiero decir en qué consistía todo aquello,
porque calculando que no me debe quedar
ni un poco de vergüenza
aún hay algo en mí que busca
evitar los malos recuerdos.
En ese tiempo yo escribía
el ritmo que mi corazón palpitaba
y de mis entrañas salía la letra,
la prosa, pero de su verbo la pierna, su cara,
que deambulaba por mi corazón.
Y sin darme cuenta entraba
en esa enorme constelación
de recuerdos nuestros bebiendo de aquella sed,
mientras yo era su cuerpo y friccionábamos al deseo,
y éste nos friccionaba, y besaba su rostro
al encontrarse con el mío
y me apretaba a su cuerpo de frente
y nuestra boca se encontraba
y nos deformaba como a un aro
mientras él se erizaba y yo naufragaba,
y sólo nos escapábamos de nuestras bocas,
para volver a beber del cuerpo.
No quería decir en qué consistía todo aquello,
pero ahora me llueves,
porque esa eternidad en aquel momento se nos acababa,
y nuestro circulo beso,
en aquella sed era urgente,
pero ahora ya nunca se nos acaba.
 
Mª F. Hernández


 

Buena literatura nueva.
Nacida del corazón, de los amarantinos sentimientos,

enjugados de lágrimas y convertidos en tinta.

No se pierdan la literatura de María Fernanda Hernández,

víctima, del violento fuego…

María Fernanda

 

 

Más sobre la autora: Mª F. Hernández

 

Ojalá nunca se acabe…

Larga vida a las nuevas voces de la literatura.

 

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